-Cántame, que me gusta.
Tararea unas canciones de esas raras que escucha él, sin más yo me quedo medio dormida. Acurrucada contra él, mirándole.
-Corb, tengo ganas de besarte.
No dejo que conteste, le beso, apenas un roce. Pero me siento bien, me arrepiento de haber roto con él, pero tampoco estoy segura de una posible reconciliación. No sé, me siento agusto así. Como antes, sin compromisos.
-Gin, ¿que...?
-Escucha, te quiero, y lo sabes, el es importante para mi, y tu, casi que mas, creo, pero es diferente, ya te expliqué por qué.- asiente con la cabeza sin parar de mirarme. Yo, hago lo mismo.- Sé que no entiendes mis motivos, y no lo pretendo. Pero tengo la sensación de que te necesito, y no quiero hacerte daño, por eso no quiero que volvamos. Por eso te beso en vez de decir que te amo, ¿Me entiendes?
Le veo asentir levemente, o eso creo, quizá me lo haya imaginado. Yo ladeo la cabeza y le vuelvo a besar. Me corresponde. Siempre lo hace. Con sus manos a los lados de mi cabeza apretandome contra su boca, sin dejarme espacio para moverme, jugando el solo, aprovechándose del momento. No me quejo, no hago nada, solo espero.
Luego le miro, con mis ojos verdes (de bruja) y le sonrío, mimo con los labios un 'te quiero' y todo esto, sin dejar de acariciar sus dedos con los mios.
-Soy más tuya que de mi misma, Corbin. Pero lo poco que es mío, es mi forma de pensar, aún la conservo, y si me quieres, solo deberías aprender a darme un tiempo muerto de vez en cuando.
Él, solo asiente.
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domingo, 15 de agosto de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
Walk away.
Deja la botella de ron sobre la mesa y le sonría socarriona.
-Estás de lo más graciosino con esos colores.
Él suelta una carcajada y la rodea con los brazos atrayéndola para que se deje caer más.
-Tú estás guapa siempre y no te digo nada.
-Haces bien, chiquitino, haces bien.
Beso. Beso. Beso. Más besos. Y luego solo amor. Salvaje y humorístico. ¡Pero amor!
-Estás de lo más graciosino con esos colores.
Él suelta una carcajada y la rodea con los brazos atrayéndola para que se deje caer más.
-Tú estás guapa siempre y no te digo nada.
-Haces bien, chiquitino, haces bien.
Beso. Beso. Beso. Más besos. Y luego solo amor. Salvaje y humorístico. ¡Pero amor!
viernes, 25 de junio de 2010
Bases de amistad.
Las Vans lilas están todavía encima del sofá del sótano. Ellas siguen igual de jugosas y bonitas, pero aquel antro ha cambiado mucho. Las paredes ahora son de un tono crema que da serenidad al lugar. Los viejos muebles están amontonados en un rincón trás una cortina de clips de colores, es enorme, preciosa, ¡ME ENCANTA! La elegimos caminando un día por el centro de Londres, era nuestro primer viaje juntas, y además a nuestra ciudad. ¡NUESTRA! El avión estaba bastante lleno, pero se respiraba una tranquilidad en el ambiente que nos daba seguridad. En el despegue noté su mano aferrando la mía, que estaba crispada contra mis costillas, con los ojos bien cerrados a su salud. El miedo me recorría hasta las pestañas, era inconfundible, ¡Estaba cagada de miedo!
Adrienne tenía la mirada fija en mi y soltaba risitas por lo bajo, a las que mi única respuesta, era un gruñido. Ni si quiera era capaz de hablar.
En el aeropuerto de Londres paseamos despacio entre la gente, cogidas apenas del dedo meñique, como cuando yo era pequeña y me agarraba al de la maestra para que me acompañara a mi clase el primer día de colegio. Aún me temblaban un poco las piernas y el camino se me estaba haciendo eterno.
Y allá, en una tienda que parecía realmente modesta, encontramos todo lo que necesitábamos. Esa cortinita, unas lamparas ingeniosamente fabricadas -casi- para nuestro sótano. Unos cuadros de lugares famosos londinenses y un peluche enorme que miramos ambas a la vez con una exclamación en las comisuras. <¡ESE TÍA!>. Nos reimos como locas por la coincidencia, y el regreso a casa después de quince días solas vagando por la cuidad fue todavía mejor.
Adrie estaba tumbada en el suelo. Teniamos la música bien alta y retumbaban las paredes y cada uno de los muebles y retoños de la habitación.
Todo había vuelto a la normalidad. Todo. Todo excepto mi corazón. Que parecía latir a un ritmo inapropiado en el peor (por ser el mejor) de los momentos de mi vida.
Aunque podía contar con una de mis mejores amigas, y eso era más de lo que podría pedir nunca.
Adrienne tenía la mirada fija en mi y soltaba risitas por lo bajo, a las que mi única respuesta, era un gruñido. Ni si quiera era capaz de hablar.
En el aeropuerto de Londres paseamos despacio entre la gente, cogidas apenas del dedo meñique, como cuando yo era pequeña y me agarraba al de la maestra para que me acompañara a mi clase el primer día de colegio. Aún me temblaban un poco las piernas y el camino se me estaba haciendo eterno.
Y allá, en una tienda que parecía realmente modesta, encontramos todo lo que necesitábamos. Esa cortinita, unas lamparas ingeniosamente fabricadas -casi- para nuestro sótano. Unos cuadros de lugares famosos londinenses y un peluche enorme que miramos ambas a la vez con una exclamación en las comisuras. <¡ESE TÍA!>. Nos reimos como locas por la coincidencia, y el regreso a casa después de quince días solas vagando por la cuidad fue todavía mejor.
Adrie estaba tumbada en el suelo. Teniamos la música bien alta y retumbaban las paredes y cada uno de los muebles y retoños de la habitación.
Todo había vuelto a la normalidad. Todo. Todo excepto mi corazón. Que parecía latir a un ritmo inapropiado en el peor (por ser el mejor) de los momentos de mi vida.
Aunque podía contar con una de mis mejores amigas, y eso era más de lo que podría pedir nunca.
jueves, 10 de junio de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
la niña jugando a ser mayor.
-Por lo que más quieras no dejes de ser lo que eras o eres o como sea eso. Sabes que para mí todo esto es mucho, pero mucho. Que no lo puedes tirar todo como si fuera basura y esperar que me quede tan ancha, y lo peor, ¡Quedarte tú tan pancho!
La niña apenas tiene diez años, y juega a papás y mamás como toda una adulta. Su madre a veces se preocupa de que tenga una madurez temprana o que por su afán de ser mamá, acabe siéndolo prematuramente.
-¿Alan? Ven a ver esto, por favor.
Su marido se para junto a ella, y observa a hurtadillas por la rendija abierta de la puerta. Al fondo de la habitación roja, ve a su hija jugando con un par de barbies tranquilamente, y acto seguido mira a su mujer con un punto de curiosidad en los ojos.
-¿Qué pasa?
-Mírala, parece que sus muñecas somos tú y yo.
Al otro lado de la calle, un chico de no más de dieciocho años, observa jugar a la niña, a la espera de que su preciosa mamina se acerque a cerrar la ventana. Está ansioso por verla.
La niña apenas tiene diez años, y juega a papás y mamás como toda una adulta. Su madre a veces se preocupa de que tenga una madurez temprana o que por su afán de ser mamá, acabe siéndolo prematuramente.
-¿Alan? Ven a ver esto, por favor.
Su marido se para junto a ella, y observa a hurtadillas por la rendija abierta de la puerta. Al fondo de la habitación roja, ve a su hija jugando con un par de barbies tranquilamente, y acto seguido mira a su mujer con un punto de curiosidad en los ojos.
-¿Qué pasa?
-Mírala, parece que sus muñecas somos tú y yo.
Al otro lado de la calle, un chico de no más de dieciocho años, observa jugar a la niña, a la espera de que su preciosa mamina se acerque a cerrar la ventana. Está ansioso por verla.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Demuestra lo que puedes hacer.
Se desmonta algo a nuestro alrededor, o más bien, al mío. No entiendo por qué me quedo aquí sin hacer nada, o por qué hago justo lo que hago. Sé que no quiero que sea así, pero aún así no intento nada para remediarlo. Normalmente lo llaman mal de amores, yo lo llamo, cabronadas.
Sientes un vacio considerablemente grande, más en el estómago que en el pecho, pero si es verdad lo que dicen de esa sensación de ruptura, cuando algo se casca en tu interior, que tú corazón da un vuelco semejante al de una montaña rusa girando sobre sí misma.
No. Si prometo no volver a pensar en como sería si no hubiera hecho o dicho ciertas cosas, lo prometo de verdad. Y justo por eso, no me arriesgo a hacerlo, porque no lo cumpliré, y no soporto romper las promesas.
mik-mek está estancada debajo de un puente repleto de puertas con candados. Mela no está precisamente agusto. Porque no lo estoy ¿Vale? Solo que he pensado, que quizás pueda tomar este blog, no solo como un lugar donde enseñar lo que escribo, si no también un sitio donde explicar como me siento, y por qué. El ser anónima implica ciertas dificultades, pero es más cómodo para desahogarse. Nadie te juzga por conocerte, si te dicen algo, es porque han pasado por una situación parecida, y eso es lo que yo busco.
Porque las piernas abiertas, los moratones en la cara, y las costillas salidas de la carne, ya las he tenido.
Si solo estoy pidiendo un poco de amor...
Pero creo que ya no lo quiero, o no lo acepto. El amor es una cárcel, y solo sabe hacer daño y daño y más daño. Al menos el que yo conozco.
m.
Sientes un vacio considerablemente grande, más en el estómago que en el pecho, pero si es verdad lo que dicen de esa sensación de ruptura, cuando algo se casca en tu interior, que tú corazón da un vuelco semejante al de una montaña rusa girando sobre sí misma.
No. Si prometo no volver a pensar en como sería si no hubiera hecho o dicho ciertas cosas, lo prometo de verdad. Y justo por eso, no me arriesgo a hacerlo, porque no lo cumpliré, y no soporto romper las promesas.
mik-mek está estancada debajo de un puente repleto de puertas con candados. Mela no está precisamente agusto. Porque no lo estoy ¿Vale? Solo que he pensado, que quizás pueda tomar este blog, no solo como un lugar donde enseñar lo que escribo, si no también un sitio donde explicar como me siento, y por qué. El ser anónima implica ciertas dificultades, pero es más cómodo para desahogarse. Nadie te juzga por conocerte, si te dicen algo, es porque han pasado por una situación parecida, y eso es lo que yo busco.
Porque las piernas abiertas, los moratones en la cara, y las costillas salidas de la carne, ya las he tenido.
Si solo estoy pidiendo un poco de amor...
Pero creo que ya no lo quiero, o no lo acepto. El amor es una cárcel, y solo sabe hacer daño y daño y más daño. Al menos el que yo conozco.
m.
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