Lo ve sentado en un banco con el peta ya en la boca y maldice entre dientes acercándose despacito por detrás.
Le pone una mano sobre los ojos y da un besito suave en su nuca riendo.
-Hola gordito...
Él tensa todos los músculos y sonríe inevitablemente, apartándole la mano y girándose para ver a la rubita.
-GIN, oh, mierda, tía, ¡Estás aquí!
Y ella no hace más que soltar una carcajada y tirársele encima dándole un pedazo de abrazo.
-Cuanto te he echado de menos, pequeño.. ¡Si hasta estás más guapo!
Se sientan en el banco, el uno frente a la otra, contándose viejas novedades y dándose mil abrazos.
-Bienvenida a casa, gorda, te echaba de menos.
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sábado, 27 de noviembre de 2010
sábado, 25 de septiembre de 2010
Prefiero que estés cerquita, así.
Acabo de pintarme los labios y me asomo a la ventana. Veo un todoterreno aparcado justo bajo mi casa y me apresuro a ponerme las botas para salir. Uso la colonia de coco, echando un poco frente a mi, y dando una pirueta para que el olor se me pegue. Sonrío satisfecha y salgo del baño corriendo.
Doy un par de vueltas en el vestíbulo pensando.
-¿Qué coño me falta?- Y justo me acuerdo.- LA MALETA.
Vuelvo a mi cuarto a por ella y cojo el bolso que sigué colgado en la silla del escritorio. Lo abro y me aseguro de que está todo. Móvil, llaves de casa, llaves de Corbin, del coche, el DNI, la tarjeta, el bote de laca...
Me enfudo la chupa y me recojo el pelo para dejarlo caer cuando la chaqueta ya está colocada. Me vuelvo a mirar en el espejo del pasillo al pasar, y salgo de casa dando un portazo.
Bajo los escalones de dos en dos, con el bolso y la maleta colgados del hombro. Me quedo unos segundos en el portal para recobrar el aliento, y pasándome la mano por el pelo, me dirijo hasta el coche.
Sonrío y doy un golpe en la ventanilla del conductor con los nudillos. Se sobresalta y me mira, y yo río al ver su reacción. Baja el cristal y me cuelo dentro para besarle.
-Hola, feo.
-Anda sube.
Meto la bolsa en el maletero y subo al coche cruzándome de piernas.
-Bueno, ¿Dónde vamos?
-A casa.- Dice mirandome de los pies a la cabeza. -¿Gin...?
-¿Mmh?
-Estás genial hoy.
-Pues todavía no has visto nada.- Le digo tanteando con los dedos sobre mi muslo izquierdo.
Sacude la cabeza revolviéndose el pelo y pone primera. Cuando quiero darme cuenta, estamos en la puerta de su casa y me empuja para que entre.
-Vamos por el ascensor, ven.- Dice agarrándome de la mano para que me de más prisa. Yo le sigo sin decir nada, divertida por su forma de actuar.
-Pensé que tú eras de los que siempre subían por las esc...- Me calla con un beso. Sujeta mi cara con las manos y aprieta sus labios contra mi boca, entreabriéndola. Suelto un gemido que se ahoga en otro beso y justo llegamos a la segunda planta y el ascensor se para.
Me paso un dedo por el borde de la boca, para borrar el carmín que haya podido correrse y salgo contoneándome como una niña pequeña, y tiro de su camiseta para que se me pegue.
-Prefiero que estés cerquita, así.
Doy un par de vueltas en el vestíbulo pensando.
-¿Qué coño me falta?- Y justo me acuerdo.- LA MALETA.
Vuelvo a mi cuarto a por ella y cojo el bolso que sigué colgado en la silla del escritorio. Lo abro y me aseguro de que está todo. Móvil, llaves de casa, llaves de Corbin, del coche, el DNI, la tarjeta, el bote de laca...
Me enfudo la chupa y me recojo el pelo para dejarlo caer cuando la chaqueta ya está colocada. Me vuelvo a mirar en el espejo del pasillo al pasar, y salgo de casa dando un portazo.
Bajo los escalones de dos en dos, con el bolso y la maleta colgados del hombro. Me quedo unos segundos en el portal para recobrar el aliento, y pasándome la mano por el pelo, me dirijo hasta el coche.
Sonrío y doy un golpe en la ventanilla del conductor con los nudillos. Se sobresalta y me mira, y yo río al ver su reacción. Baja el cristal y me cuelo dentro para besarle.
-Hola, feo.
-Anda sube.
Meto la bolsa en el maletero y subo al coche cruzándome de piernas.
-Bueno, ¿Dónde vamos?
-A casa.- Dice mirandome de los pies a la cabeza. -¿Gin...?
-¿Mmh?
-Estás genial hoy.
-Pues todavía no has visto nada.- Le digo tanteando con los dedos sobre mi muslo izquierdo.
Sacude la cabeza revolviéndose el pelo y pone primera. Cuando quiero darme cuenta, estamos en la puerta de su casa y me empuja para que entre.
-Vamos por el ascensor, ven.- Dice agarrándome de la mano para que me de más prisa. Yo le sigo sin decir nada, divertida por su forma de actuar.
-Pensé que tú eras de los que siempre subían por las esc...- Me calla con un beso. Sujeta mi cara con las manos y aprieta sus labios contra mi boca, entreabriéndola. Suelto un gemido que se ahoga en otro beso y justo llegamos a la segunda planta y el ascensor se para.
Me paso un dedo por el borde de la boca, para borrar el carmín que haya podido correrse y salgo contoneándome como una niña pequeña, y tiro de su camiseta para que se me pegue.
-Prefiero que estés cerquita, así.
domingo, 15 de agosto de 2010
quiéreme, lo necesito.
-Cántame, que me gusta.
Tararea unas canciones de esas raras que escucha él, sin más yo me quedo medio dormida. Acurrucada contra él, mirándole.
-Corb, tengo ganas de besarte.
No dejo que conteste, le beso, apenas un roce. Pero me siento bien, me arrepiento de haber roto con él, pero tampoco estoy segura de una posible reconciliación. No sé, me siento agusto así. Como antes, sin compromisos.
-Gin, ¿que...?
-Escucha, te quiero, y lo sabes, el es importante para mi, y tu, casi que mas, creo, pero es diferente, ya te expliqué por qué.- asiente con la cabeza sin parar de mirarme. Yo, hago lo mismo.- Sé que no entiendes mis motivos, y no lo pretendo. Pero tengo la sensación de que te necesito, y no quiero hacerte daño, por eso no quiero que volvamos. Por eso te beso en vez de decir que te amo, ¿Me entiendes?
Le veo asentir levemente, o eso creo, quizá me lo haya imaginado. Yo ladeo la cabeza y le vuelvo a besar. Me corresponde. Siempre lo hace. Con sus manos a los lados de mi cabeza apretandome contra su boca, sin dejarme espacio para moverme, jugando el solo, aprovechándose del momento. No me quejo, no hago nada, solo espero.
Luego le miro, con mis ojos verdes (de bruja) y le sonrío, mimo con los labios un 'te quiero' y todo esto, sin dejar de acariciar sus dedos con los mios.
-Soy más tuya que de mi misma, Corbin. Pero lo poco que es mío, es mi forma de pensar, aún la conservo, y si me quieres, solo deberías aprender a darme un tiempo muerto de vez en cuando.
Él, solo asiente.
Tararea unas canciones de esas raras que escucha él, sin más yo me quedo medio dormida. Acurrucada contra él, mirándole.
-Corb, tengo ganas de besarte.
No dejo que conteste, le beso, apenas un roce. Pero me siento bien, me arrepiento de haber roto con él, pero tampoco estoy segura de una posible reconciliación. No sé, me siento agusto así. Como antes, sin compromisos.
-Gin, ¿que...?
-Escucha, te quiero, y lo sabes, el es importante para mi, y tu, casi que mas, creo, pero es diferente, ya te expliqué por qué.- asiente con la cabeza sin parar de mirarme. Yo, hago lo mismo.- Sé que no entiendes mis motivos, y no lo pretendo. Pero tengo la sensación de que te necesito, y no quiero hacerte daño, por eso no quiero que volvamos. Por eso te beso en vez de decir que te amo, ¿Me entiendes?
Le veo asentir levemente, o eso creo, quizá me lo haya imaginado. Yo ladeo la cabeza y le vuelvo a besar. Me corresponde. Siempre lo hace. Con sus manos a los lados de mi cabeza apretandome contra su boca, sin dejarme espacio para moverme, jugando el solo, aprovechándose del momento. No me quejo, no hago nada, solo espero.
Luego le miro, con mis ojos verdes (de bruja) y le sonrío, mimo con los labios un 'te quiero' y todo esto, sin dejar de acariciar sus dedos con los mios.
-Soy más tuya que de mi misma, Corbin. Pero lo poco que es mío, es mi forma de pensar, aún la conservo, y si me quieres, solo deberías aprender a darme un tiempo muerto de vez en cuando.
Él, solo asiente.
viernes, 9 de julio de 2010
107
Los dos sentados en una mesa. Cuadrada. Mediana. Baja. Nos miramos de reojo. Él me observa comer, y me sonrojo moviendo los cubiertos nerviosa contra el plato. Levanta la mirada y medio sonrío.
-Feliz día, pequeña.-dice llevándose un poco de shushi a la boca.
Me levanto y me recojo el pelo, colocándomelo sobre el hombro, de forma que mi cuello queda libre. Y le miro. Le provoco. Pero él enarca una ceja y apoya las manos en el suelo, echándose ligeramente hacia atrás.
-Oye...
-¿Mmh?-digo, apretando los labios para evitar sonreir.
-Ven.
Me coloco el vestido, subiéndolo lo justo para que no se vea nada desde arriba. Y me acuclillo junto a él, con la sonrisa brillándome en los ojos, llenándolos de vida frente a toda la oscuridad que desprende el maquillaje. Me mira con una ceja enarcada, diciéndome sin abrir la boca, '¿qué pretendes?' y como respuesta solo se me ocurre apoyar mis labios en los suyos. Rozarlos despacio, apenas. Y luego levantar la vista y sugerirle en un susurro que los baños del local están a la vuelta de la pared.
Deja algunos billetes sobre la mesa y me sigue tranquilo. Me paro en la puerta, y el tira de mí hacia el de los hombres. Yo me río.
-Deberíamos haber entrado al de chicas, somos menos curiosas.
-Bueno, y qué importa.
-Nos pueden descubrir...
-Que miren si les gusta.- Dice en un susurro, empujandome a uno de los cuartos y cerrando la puerta tras de si.
Suelto una carcajada y me pego a él. Las manos se confunden. Me levanta el vestido, sacándomelo y me agarra del trasero pegándome a él, siguiendo con sus labios mi escote, moviendo los dedos sobre mis bragas, apretando los dientes para no correrse cuando mi mano entra en sus boxers. Me aupa, apretándome contra la pared, moviéndo despacio la pelvis contra mi, sin penetrarme. Solo un roce, intenso, erótico. Y yo creo que voy a salir a arder en cualquier momento, y él está descontrolado. [...]
Me coloco el vestido antes de entrar en el coche, y me siento, girándome un poco para dejar el bolso en el asiento de atrás. Apoya la mano en mi muslo, y lo aprieta. Me está mirando. Sonrío y vuelvo a mirar su mano apártandola suavemente, y poniéndome los tacones, me siento a horcajadas sobre él, moviendo la cintura en circulos, suave, besándole el cuello, lamiéndolo, mordiéndolo.[...]
Me dejo caer exhausta sobre la cama. Estoy envuelta en sudor, y el pelo me cae sobre la espalda en bucles. Juguetea con los dedos y algun mechón que se separa del resto, girándome para pegarme más a él. Y yo creo que me muero de amor. Y me lo como a besos. Ya más dulces, más cansados. Más sinceros.
-Feliz 107, gordo. Feliz madrugada, Corbin.- Le susurro en el oído, notando el sol a mi espalda y su respiración ralentizarse. Y me acurruco contra él, disfrutando de su olor, que me envuelve todos los sentidos haciéndome desearle como nunca. Haciéndome sonreir en sueños.
-Te quiero muchísimo...
-Feliz día, pequeña.-dice llevándose un poco de shushi a la boca.
Me levanto y me recojo el pelo, colocándomelo sobre el hombro, de forma que mi cuello queda libre. Y le miro. Le provoco. Pero él enarca una ceja y apoya las manos en el suelo, echándose ligeramente hacia atrás.
-Oye...
-¿Mmh?-digo, apretando los labios para evitar sonreir.
-Ven.
Me coloco el vestido, subiéndolo lo justo para que no se vea nada desde arriba. Y me acuclillo junto a él, con la sonrisa brillándome en los ojos, llenándolos de vida frente a toda la oscuridad que desprende el maquillaje. Me mira con una ceja enarcada, diciéndome sin abrir la boca, '¿qué pretendes?' y como respuesta solo se me ocurre apoyar mis labios en los suyos. Rozarlos despacio, apenas. Y luego levantar la vista y sugerirle en un susurro que los baños del local están a la vuelta de la pared.
Deja algunos billetes sobre la mesa y me sigue tranquilo. Me paro en la puerta, y el tira de mí hacia el de los hombres. Yo me río.
-Deberíamos haber entrado al de chicas, somos menos curiosas.
-Bueno, y qué importa.
-Nos pueden descubrir...
-Que miren si les gusta.- Dice en un susurro, empujandome a uno de los cuartos y cerrando la puerta tras de si.
Suelto una carcajada y me pego a él. Las manos se confunden. Me levanta el vestido, sacándomelo y me agarra del trasero pegándome a él, siguiendo con sus labios mi escote, moviendo los dedos sobre mis bragas, apretando los dientes para no correrse cuando mi mano entra en sus boxers. Me aupa, apretándome contra la pared, moviéndo despacio la pelvis contra mi, sin penetrarme. Solo un roce, intenso, erótico. Y yo creo que voy a salir a arder en cualquier momento, y él está descontrolado. [...]
Me coloco el vestido antes de entrar en el coche, y me siento, girándome un poco para dejar el bolso en el asiento de atrás. Apoya la mano en mi muslo, y lo aprieta. Me está mirando. Sonrío y vuelvo a mirar su mano apártandola suavemente, y poniéndome los tacones, me siento a horcajadas sobre él, moviendo la cintura en circulos, suave, besándole el cuello, lamiéndolo, mordiéndolo.[...]
Me dejo caer exhausta sobre la cama. Estoy envuelta en sudor, y el pelo me cae sobre la espalda en bucles. Juguetea con los dedos y algun mechón que se separa del resto, girándome para pegarme más a él. Y yo creo que me muero de amor. Y me lo como a besos. Ya más dulces, más cansados. Más sinceros.
-Feliz 107, gordo. Feliz madrugada, Corbin.- Le susurro en el oído, notando el sol a mi espalda y su respiración ralentizarse. Y me acurruco contra él, disfrutando de su olor, que me envuelve todos los sentidos haciéndome desearle como nunca. Haciéndome sonreir en sueños.
-Te quiero muchísimo...
domingo, 4 de julio de 2010
¿Quién es de quién?
-¡Espera! Mira, mira esto.
Señalo el cigarrillo disipándose en una calada entre mis labios, dejando al humo deambular por mis pulmones. Te me quedas mirando, con esa risita que te sale, cuando estás conociendo algo, que de una forma u otra, te fascina.
-Cariño, no me mires con esa cara, ¡Hay bastante para los dos!
-P-pero...
Lo siguiente que se escucha es una carcajada, sonora, limpia. Se me escapa entre las comisuras como quien no quiere la cosa, y se clava en tus oídos y ¡Cómo no! En la boca de tu estómago, haciéndote retroceder unos pasos y agarrar mis caderas, balanceándolas al ritmo de mis risas.
Casi parece que huelo tu camisa cuando das el primer calo. Ladeas un poco la boca, para que la bocanada no me venga a la cara, y mantienes tu mirada fija en la mía. De veras quiero bajarla, me pone nerviosa que me mires tan fijamente, pero en serio, no me veo capaz. Ahora me dejo llevar por la música que se escapa del lector de CD’s sin pausa, escuchando ese Drive my Car. ¡Mis Beatles! Wow, ¡Se me ha erizado todo, solo de pensarlo! ‘Baby u can drive my car, and baby I love u pi pí, pi pí yeah, pi pí, pi pí yeah’
Y la música se para. Y yo me giro y te miro, con una mueca de fastidio pintada. Sonríes en mi dirección y le das al Play. ¿Framing Hanley?
Levanto las brazos en un movimiento lento, sin prisa, siguiendo siempre el pulso de la canción. Lollipop resuena en mis oídos, mandándome en Éxtasis, y a tí conmigo, disfrutando de los movimientos lúbricos con los que tus ojos se maravillan.
-Ven aquí, ¡vamos!
Parece que te estuviese arrastrando, te acercas con el ceño fruncido, y noto como se frota las manos, nervioso. No puedes evitar sentirte extrañamente bien. Es más mío que de él mismo.
-P-pero...
Lo siguiente que se escucha es una carcajada, sonora, limpia. Se me escapa entre las comisuras como quien no quiere la cosa, y se clava en tus oídos y ¡Cómo no! En la boca de tu estómago, haciéndote retroceder unos pasos y agarrar mis caderas, balanceándolas al ritmo de mis risas.
Casi parece que huelo tu camisa cuando das el primer calo. Ladeas un poco la boca, para que la bocanada no me venga a la cara, y mantienes tu mirada fija en la mía. De veras quiero bajarla, me pone nerviosa que me mires tan fijamente, pero en serio, no me veo capaz. Ahora me dejo llevar por la música que se escapa del lector de CD’s sin pausa, escuchando ese Drive my Car. ¡Mis Beatles! Wow, ¡Se me ha erizado todo, solo de pensarlo! ‘Baby u can drive my car, and baby I love u pi pí, pi pí yeah, pi pí, pi pí yeah’
Y la música se para. Y yo me giro y te miro, con una mueca de fastidio pintada. Sonríes en mi dirección y le das al Play. ¿Framing Hanley?
Levanto las brazos en un movimiento lento, sin prisa, siguiendo siempre el pulso de la canción. Lollipop resuena en mis oídos, mandándome en Éxtasis, y a tí conmigo, disfrutando de los movimientos lúbricos con los que tus ojos se maravillan.
-Ven aquí, ¡vamos!
Parece que te estuviese arrastrando, te acercas con el ceño fruncido, y noto como se frota las manos, nervioso. No puedes evitar sentirte extrañamente bien. Es más mío que de él mismo.
jueves, 10 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
Sola no es lo mismo.
Me dejo caer en uno de los asientos grises del tren. Quedan otros tres, dos en frente, y uno a mi lado. El pasa a sentarse en uno de los que están al otro lado de la mesita que los separa en dos y dos. Me mira muy serio, tanto, que creo que me va a hacer llorar en cualquier momento, pero procuro no cambiar la expresión de mi cara, manteniéndole siempre la mirada.
Dejo el mp3, el móvil, las llaves de casa y el maquillaje sobre la mesa, intentando distraerme, aunque noto sus ojos siguiendo cada uno de mis movimientos y chasqueo la lengua nerviosa.
-Para de mirarme, ya.
No habla aún y me da la sensación de querer morirme. Ahora soy yo quien le mira, él observa a la gente que corre o se despide por el andén. Lleva una mochila entre las piernas, lo suficientemente grande como para llevar ropa para no más de un par de días, pero cuando le vi salir de casa, paracia que no fuese a volver a entrar nunca. Aprieto los labios intentando encontrar las palabras adecuadas, para decirle lo que siento, o lo que fueron para mí esas palabras. Todavía escuchaba en mi cabeza los golpes a las puertas, las patadas a la mesa, y su cara tan cerca de la mía, que no sabía si iba a pegarme o a besarme demasiado fuerte. Y yo tan altiva como siempre, sin esconder ni un gramo de mi orgullo, escupiéndole las palabras a la cara y soltándolas a traición, para que duelan.
Vuelvo a meter todo en el bolso, el lleva ropa para un par de días, pero yo me he venido con lo puesto. Me apoyo sobre la ventana, subiendo las piernas al asiento y abrazándomelas, miro de reojo a la gente, pero solo le veo a él, en frente mío, demasiado molesto como para si quiera llamarme guarra sin escrúpulos. ¡Y me mira! Sus ojos se clavan en los míos, tiene el ceño fruncido y aprieta tanto los dientes que los huesos de su mandíbula se intensifican, haciéndole parecer mayor y (des)preocupado. Ni si quiera me siento capaz de apartar la mirada, aunque es lo único que quiero hacer. Y cuando escucho su voz, se me hace un nudo en la garganta y mis labios tiemblan.
-Todavía me pregunto que haces aquí.
Pienso la respuesta unos segundos, y cojo aliento antes de hablar.
-Quería irme contigo.
-¿Para qué? ¿Para no caer en tentaciones?
Entreabro la boca y miro de nuevo la mesa. No contesto a eso.
-Bájate del tren antes de que se vaya, Gin. Bájate.
Niego con la cabeza, aunque no sé si me esta mirando, asi que digo un 'no' tan bajito, que igual lo ha confundido con un suspiro.
-¿No quieres ir conmigo?
El da un golpe en la mesa con la palma de la mano, y yo hundo más la cabeza entre mis piernas, tápandome las orejas con las manos.
-¿Me preguntas eso? ¿De verdad me lo estás preguntando? Como querer, hubiese querido que no te follaras a otros. Como querer, hubiese querido que me miraras como lo hacías antes, o que no huyeras de mi cuando te tocaba. Como querer, quisiera que notases como me pongo cuando me miras, o cuando me agarras de la mano y te vuelves tan pequeña a mi lado.
Levanto la cabeza, y me paso las manos por el pelo rubio, dejándolo caer sobre mi espalda. Cambia su expresión de repente, y se apoya en el respaldo del asiento mirandome extrañado.
-Te has teñido...
-Ahora soy rubia de verdad.
Suelta una sonrisa que le llena los ojos con una intensidad que me desmorona, y me inclino sobre la mesa, agarrando su mano, que todavía está crispada sobre ella. Entrelaza sus dedos con los míos, parece relajado.
-Estás muy guapa.
Sonrío estupidamente, con el color en las mejillas y un mechon rubio sobre la cara. Lo aparto con dos dedos, inclinándose tambien contra la mesa y enredando los dedos en mi pelo da un suave beso en mis labios. Un beso de amigos, de hermanos, de pareja. Y es apenas un roce que me hace levantarme y sentarme a su lado, acurrucarme en su pecho y agarrar su mano y llevarla hasta mi cabeza, dejandola caer sobre el tercio rapado, notando sus dedos hacerme cosquillas y su brazo rodear mi pierna pegándome más a él.
-Gracias por venir.
-Gracias a tí, por perdonarme, y dejarme hacer este viaje contigo.
Dejo el mp3, el móvil, las llaves de casa y el maquillaje sobre la mesa, intentando distraerme, aunque noto sus ojos siguiendo cada uno de mis movimientos y chasqueo la lengua nerviosa.
-Para de mirarme, ya.
No habla aún y me da la sensación de querer morirme. Ahora soy yo quien le mira, él observa a la gente que corre o se despide por el andén. Lleva una mochila entre las piernas, lo suficientemente grande como para llevar ropa para no más de un par de días, pero cuando le vi salir de casa, paracia que no fuese a volver a entrar nunca. Aprieto los labios intentando encontrar las palabras adecuadas, para decirle lo que siento, o lo que fueron para mí esas palabras. Todavía escuchaba en mi cabeza los golpes a las puertas, las patadas a la mesa, y su cara tan cerca de la mía, que no sabía si iba a pegarme o a besarme demasiado fuerte. Y yo tan altiva como siempre, sin esconder ni un gramo de mi orgullo, escupiéndole las palabras a la cara y soltándolas a traición, para que duelan.
Vuelvo a meter todo en el bolso, el lleva ropa para un par de días, pero yo me he venido con lo puesto. Me apoyo sobre la ventana, subiendo las piernas al asiento y abrazándomelas, miro de reojo a la gente, pero solo le veo a él, en frente mío, demasiado molesto como para si quiera llamarme guarra sin escrúpulos. ¡Y me mira! Sus ojos se clavan en los míos, tiene el ceño fruncido y aprieta tanto los dientes que los huesos de su mandíbula se intensifican, haciéndole parecer mayor y (des)preocupado. Ni si quiera me siento capaz de apartar la mirada, aunque es lo único que quiero hacer. Y cuando escucho su voz, se me hace un nudo en la garganta y mis labios tiemblan.
-Todavía me pregunto que haces aquí.
Pienso la respuesta unos segundos, y cojo aliento antes de hablar.
-Quería irme contigo.
-¿Para qué? ¿Para no caer en tentaciones?
Entreabro la boca y miro de nuevo la mesa. No contesto a eso.
-Bájate del tren antes de que se vaya, Gin. Bájate.
Niego con la cabeza, aunque no sé si me esta mirando, asi que digo un 'no' tan bajito, que igual lo ha confundido con un suspiro.
-¿No quieres ir conmigo?
El da un golpe en la mesa con la palma de la mano, y yo hundo más la cabeza entre mis piernas, tápandome las orejas con las manos.
-¿Me preguntas eso? ¿De verdad me lo estás preguntando? Como querer, hubiese querido que no te follaras a otros. Como querer, hubiese querido que me miraras como lo hacías antes, o que no huyeras de mi cuando te tocaba. Como querer, quisiera que notases como me pongo cuando me miras, o cuando me agarras de la mano y te vuelves tan pequeña a mi lado.
Levanto la cabeza, y me paso las manos por el pelo rubio, dejándolo caer sobre mi espalda. Cambia su expresión de repente, y se apoya en el respaldo del asiento mirandome extrañado.
-Te has teñido...
-Ahora soy rubia de verdad.
Suelta una sonrisa que le llena los ojos con una intensidad que me desmorona, y me inclino sobre la mesa, agarrando su mano, que todavía está crispada sobre ella. Entrelaza sus dedos con los míos, parece relajado.
-Estás muy guapa.
Sonrío estupidamente, con el color en las mejillas y un mechon rubio sobre la cara. Lo aparto con dos dedos, inclinándose tambien contra la mesa y enredando los dedos en mi pelo da un suave beso en mis labios. Un beso de amigos, de hermanos, de pareja. Y es apenas un roce que me hace levantarme y sentarme a su lado, acurrucarme en su pecho y agarrar su mano y llevarla hasta mi cabeza, dejandola caer sobre el tercio rapado, notando sus dedos hacerme cosquillas y su brazo rodear mi pierna pegándome más a él.
-Gracias por venir.
-Gracias a tí, por perdonarme, y dejarme hacer este viaje contigo.
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