Brönte no parece que haya tenido nunca la oportunidad de ser un niño de verdad. Es como si hubiese nacido y hubiese crecido veinticinco o veintiséis años de golpe. Su cerebro no admite que haya sentimientos por los que alguien haga algo por los demás. Él solo entiende de sufrimiento, y aún así, nunca le he visto llorar. Brönte es raro porque nunca sé que piensa, nunca consigo adivinarlo, y eso a veces me pone nerviosa. Lo cierto es, que si no fuera por ese detalle tan abismal, ni siquiera me gustaría. Ni siquiera hubiese hablado con él más de aquella primera vez. Pero después del sexo era incluso más atrayente. De esas personas que, aunque no digo que te vayas a enamorar, sabes que te volverán loca. Es así, es Brönte.
Es así. Él solo tiene ojos para esa niña, es su sombra, su ángel de la guarda o su demonio, no estoy segura. Es el hombre más atractivo, más carismático, más pobre y menos feliz que haya visto jamás, y aún así nunca en mi vida le he visto como ahora. Destrozado, consumido, ensimismado y solo. Sobretodo solo. Sin padres, sin hermana, sin familia. Él solo se ve con siete años en un orfanato, pensando en su mamá y en lo mucho que la echa de menos, y sabiendo que volverá a por él cuando deje de estar enferma.
Él solo ve a su hermana de casi siete años en un orfanato, esperando a que él vuelva a por ella, porque no tiene vienticinco ni veintiseis, solo tiene la cabeza partida y mucha sangre corriendo por la carretera.
-¡¡BRÖNTE!! Brönte, ¡mírame! mírame por favor-le grito intentando apoyar las manos en alguna parte de su cuerpo sin saber donde.-Vamos, ¡reacciona, hombre! ¿qué cojones..?
Entreabre los ojos intentando levantar la cabeza del suelo un poco, mirar a su alrededor sin casi conseguirlo.
-No, para, para, cariño. No te muevas.- Mis ojos se mueven a la velocidad de la luz, lo noto, porque lo veo todo borroso, se me llenan de lágrimas.
-¿Q-qu..? ¿D-dónde es..esto..estoy?-Suspira cogiendo aire casi con cada letra. No puede respirar, tiene que estar reventado y la maldita ambulancia no llega.-C-carola e-est..esta..
-Tranquilo, Brönte-Le interrumpo, agarrando su mano fuerte contra mis rodillas.- Ella está bien. Escúchame ¿vale?-Parece un corderito, está asustado, no puedo soportar verle así, es agonizante.- Has tenido un accidente con la moto, pero estás bien, solo tienes unos cuantos rasguños, ya viene una ambulancia.
-N-no llevab-ba el.. casc..
-Ha sido una caída muy leve, vas a estar bien, quédate conmigo, no te duermas ¿vale?
Sé que sabe que le miento, porque intenta sonreirme, y yo no puedo parar de mirar sus heridas, los huesos de su pierna atravesando la piel, su costado quemado por el asfalto y su pelo lleno de sangre líquida y caliente que no para de salir.
-E..esta..ré b-bien, prec-cio..sa-Susurra mirandome con los ojos inyectados en sangre, obligándome a respirar muy hondo para no derrumbarme delante de él.
Casi parece que me entiende, porque tres segundos después pierde el conocimiento y yo me quedo en mitad de una carretera, gritándole a un dios en el que no creo, que por favor, no me lo quite.

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martes, 22 de mayo de 2012
domingo, 6 de noviembre de 2011
Justo debajo de la oscuridad.
Brönte se quitó la chupa chorreada y se sacudió el pelo con la mano. Dejó el casco sobre la encimera de la cocina cogió una cerveza del frigorífico y fue hasta el salón para tirarse al sofá a meterse algo.
Carina entró en su cuarto y se quitó la ropa mojada, se deshizo la trenza y se miró al espejo. Con los ojos hinchados y la piel tan pálida no parecia ella misma. Últimamente era una niña asustadiza y quebradiza y Brönte cada vez se cerraba y se peleaba más.
Cada uno en una habitación lamiéndose las heridas, esperando a que algo cambie en sus vidas, a que algo venga de fuera a arreglarlo. Y no será así.
Seguirán rotos y perdidos hasta que se den cuenta de que nada vendrá a salvarlos, piensa Brönte. Tenemos que recapacitar.
Tengo que recapacitar.
Deja los tripis en la mesita, se pone de pie de un salto y va a la habitación de su hermana, que sigue sentada al pie de la cama contemplando su reflejo ensimisma. Le pasa el brazo por encima de los hombros y la zarandea. Se miran.
Y es que una imagen no lo sé, pero una mirada, vale más que mil palabras entre Brönte y Carina.
(Edito: Me he dado cuenta de que muchos
de vosotros confundis a Brönte con una
chica porque a veces escribo en primera persona,
pero sabed que es un hombre).
de vosotros confundis a Brönte con una
chica porque a veces escribo en primera persona,
pero sabed que es un hombre).
miércoles, 26 de octubre de 2011
Creeme cuando te diga que el fondo no está tan lejos de la superficie.
La calma del mar perturbaba la suya propia. Sentía la necesidad de ver un tornado formarse a lo lejos en el cielo y tener a la adrenalina enjugando sus miembros hasta hacerle quedar bloqueado frente a él, correr como loco, y acabar cayendo de bruces a pocos centímetros de la masa de aire, para ver, atónito desde el suelo, como se disipaba sin rozarle ni un pelo de la cabeza. Pero no, a cambio de eso tenía el mar, profundo, misterioso y solitario, sin palabras, sin sensaciones, solo la dulce brisa marina y el corazón un poco apagado. Carina, miraba al infinito con el ceño fruncido. Brönte, unos metros más atrás tensaba los músculos al más mínimo ruido extraño. Con los nudillos aún en carne viva y la camiseta ensangrentada del revés para que la niña no lo viera. Caminó unos metros más allá y se acercó a la orilla para dejar que el agua curara sus manos. O más bien sus penas, aunque nunca admitiría eso.
Carina no era tonta, sólo era un poco pequeña. Conocía a su hermano mejor de lo que él mismo llegaría a conocerse jamás. Veía la tristeza en sus ojos tan claro como veía el mar frente a ella.
-¿Brönte?-Dijo la niña mirandole de reojo.-¿Podemos quedarnos aquí un poco más?
-Todo el tiempo que quieras.-dijo tras unos minutos.
-Ven conmigo, porfi.-susurró bajando la mirada a sus piernas llenas de arena mojada.
Brönte se sentó detrás de ella y apoyó las manos sobre sus hombros, invitándola a apoyarse en su pecho. En ese momento Carina fue consciente de lo mucho que le escocía el corazón y el miedo la abordó hasta casi ahogarla. Gimió asustada y Brönte, que sabía lo que venía ahora la abrazó con fuerza sintiendo como el epicentro de un terremoto les arrasaba por dentro. A los dos. El gemido de Carina acabó en un llanto tan roto, tan perdido, que Brönte se desmoronó.
-Qué vamos a hacer ahora. Qué vamos a hacer cuando todo parece estar en el fondo del océano...- murmuró en su oído- Yo te lo diré. Vamos a ser hermanos para siempre y saldremos de esta. Confía en mi.-Concluyó tras una pausa.
Y Carina le creyó.
Carina no era tonta, sólo era un poco pequeña. Conocía a su hermano mejor de lo que él mismo llegaría a conocerse jamás. Veía la tristeza en sus ojos tan claro como veía el mar frente a ella.
-¿Brönte?-Dijo la niña mirandole de reojo.-¿Podemos quedarnos aquí un poco más?
-Todo el tiempo que quieras.-dijo tras unos minutos.
-Ven conmigo, porfi.-susurró bajando la mirada a sus piernas llenas de arena mojada.
Brönte se sentó detrás de ella y apoyó las manos sobre sus hombros, invitándola a apoyarse en su pecho. En ese momento Carina fue consciente de lo mucho que le escocía el corazón y el miedo la abordó hasta casi ahogarla. Gimió asustada y Brönte, que sabía lo que venía ahora la abrazó con fuerza sintiendo como el epicentro de un terremoto les arrasaba por dentro. A los dos. El gemido de Carina acabó en un llanto tan roto, tan perdido, que Brönte se desmoronó.
-Qué vamos a hacer ahora. Qué vamos a hacer cuando todo parece estar en el fondo del océano...- murmuró en su oído- Yo te lo diré. Vamos a ser hermanos para siempre y saldremos de esta. Confía en mi.-Concluyó tras una pausa.
Y Carina le creyó.
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