viernes, 16 de julio de 2010

Me dejo caer en el sofá y alcanzo el mando del aire acondicionado. Hace un calor de perros, tanto que tengo la sensación de que el pelo se me pega a la cara, y eso que lo tengo al uno. Me paso la mano por la cabeza, con los ojos cerrados y doy un trago al café. La niña duerme a mi lado, abrazada a los cojines, parece que echa de menos su oveja francesa. Sonrío al recordar cuando se la traje. Serían las dos de la madrugada cuando llegué a casa, y ella me esperaba impaciente correteando de un lado a otro de la casa. Apenas tendría dos años, y dio más de un traspié. Apoyo la cabeza en su muslo y estiro el brazo para enredar los dedos en sus bucles rubinos.  Ella se remueve y respira profundo, dando a entender que no piensa despertarse. Son las siete de la mañana, y tengo todos los libros repartidos por la mesa. No tengo nada de ganas de ponerme a estudiar, sea lo que sea. Quiero quedarme así, sin moverme un centímetro, y dormir un par de horitas más, pero sé que no sera capaz. Suena el móvil en alguna parte de la casa y ella abre los ojos sobresaltada.
-¿Es mami?- Dice frotándose los ojos con los puños cerrados.
-No sé, espera aquí.-Rebusco debajo de los papeles, en la cocina, voy hasta mi cuarto y lo veo tirado debajo de la cama. Lo cojo. -¿Sí? Hola, sí, estaba dormida. Sí, ya esta vestida y eso. ¿Ahora? Es muy temprano, n...
Se oyen gritos al otro lado del teléfono y me separo el auricular poniendo los ojos en blanco.
-Mamá, vete a casa de una jodida vez, o voy a hacer que pases el resto de la semana metida en un calabozo. -Acabo la frase en un susurro y entrecierro los ojos agarrándome el tabique de la nariz con dos dedos.- Te la llevo en un par de horas.
Cuelgo.
-¿Qué pasa, Brön...?
-Nada, chiquinina, duerme otro rato, tenemos tiempo.- Le digo sonriéndole socarrón y rodeándole la nuca con una mano la conduzce de nuevo hasta el sofá. Ella se acurruca apoyando la cabeza en mi costado y a poco más de dos minutos, ya respira con regularidad.

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