Despertarse con la boca pegajosa y la cabeza dando vueltas de la resaca, era el mayor de los problemas de Igor a primera hora de la mañana.
Se levantó de la cama estirando cada músculo del cuerpo, se quitó los boxers y se metió en la ducha para que el agua fría le espabilara. Se enfundó unos vaqueros, una camiseta de tirantes, una chupa negra y salió de casa. Pasó por Records para pillar algún disco para la colección, por el Nasko para recoger unas baquetas nuevas y por último decidió entrar en Triángulo a tatuarse algo.
Se quitó la camiseta y se sentó en la camilla de espaldas.
-¿Ves el hueco del omóplato? Quiero que tatúes una 'C' roja dentro de una telaraña negra.
Porque no había nada más cierto, que la convicción de que Carola se le había clavado en la piel. Y que Igor sería la araña que mordería hasta sus pecados.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
Sonríeme, ya vendrán tiempos mejores.
Un poco antes de que saliera el sol de otro aburrido domingo, Igor volvía a casa tambaleándose. Intentaba subir por el ascensor sin vomitar, con el pelo revuelto, los pantalones desabrochados, y en más de cien ocasiones, la cara y las manos ensangrentadas de sabe dios que pelea. Ese sábado no iba a ser diferente. Entró en casa dejandose caer contra la pared. Se quitó la camiseta y se deshizo de los pantalones, cerrando la puerta con el pie. Fue hasta su cuarto y se dejó caer sobre la cama restregandose los ojos y con la otra mano tironeandose de la cresta para que empezara a quitarse la cera.
Se levantaba, aún mareado por la borrachera, encendía un cigarro y se acercaba a la batería, la que era de Luken. Se sentaba y cogía las baquetas casi sintiendo adoración por ellas. En un momento empezaba a sentirse como Travis Barker en su máximo apogeo y descargaba las pocas energías que le quedan ahí, en la música, con un rock duro que debía estar matando a los viejos del bloque.
Pero qué más da, se decía, este es mi momento de gloria. Así que solo sonríe. Por primera vez en mucho tiempo, Igor tenía ganas de sonreir. Será el sexo, comentaba por lo bajo.
martes, 24 de mayo de 2011
Sex and violence, say sex pistols.
Se mete en el gimnasio como quien no quiere la cosa, se pone los auriculares y se coloca delante del saco de boxeo. Exploited le da la fuerza que le falta y se pone los guantes sin las vendas. Una chica está en el ring. Golpea los punchings curvados del que supone es su entrenador. Sus miradas se cruzan durante un instante mínimo, lo justo para que el hombre, bastante corpulento, le propine un violento golpe en el hombro. Ella gruñe y vuelve al ataque, se le nota la mala leche a leguas, pero aún así es una chica atractiva. Esbelta, centrada, con el pelo casi rozándole la cintura por la longitud que le abarca aún con este recogido. De repente vuelve en sí, y consigue centrarse en golpear de nuevo su saco. No pasan más que unos minutos y ya nota como le gotea ligeramente la cresta que descansa sobre su frente. Se restriega los ojos con el dorso de la mano y sigue. Propina un fuerte gancho notando como los músculos de su brazo izquierdo se agarrotan de forma estrepitosa, pero aún así, el saco no se mueve de su sitio, y extrañado, se queda mirándolo. La chica del ring está allí plantada, jodidamente seria. Igor ni si quiera se quita los auriculares, sino que sigue golpeando, sin mirarla, con la cabeza centrada en lo único que le interesa. Ella rueda los ojos y da la vuelta tirándole del auricular.
-Estoy aquí, ¿sabes?
-Sí.- Contesta él volviendo a colocarse el auricular.
Ella hace caso omiso y vuelve a quitárselo con una sonrisa socarrona. Se cuela en el hueco que hay entre el chico y el saco de boxeo e Igor tiene el tiempo justo para parar el golpe que iba directo al estómago de la chica.
-¿Qué haces? Estoy ocupado, ¿no lo ves, o qué?
-Lo que estás es jodidamente cachondo.-dice moviendo la cabeza hacia adelante refiriéndose a sus pantalones.
De repente Igor se da cuenta de la forma en que le palpita, subyugada y atrapada bajo los pantalones del chandal. Suelta un resoplido y se da media vuelta, andando hacia los vestuarios mientras se desabrocha los guantes con los dientes. Ella le sigue, seria de nuevo, y solo tienen que cruzar la puerta del primer servicio para que ya le haya bajado los pantalones en un intento desesperado de follarse a ese tipo.
-Estoy aquí, ¿sabes?
-Sí.- Contesta él volviendo a colocarse el auricular.
Ella hace caso omiso y vuelve a quitárselo con una sonrisa socarrona. Se cuela en el hueco que hay entre el chico y el saco de boxeo e Igor tiene el tiempo justo para parar el golpe que iba directo al estómago de la chica.
-¿Qué haces? Estoy ocupado, ¿no lo ves, o qué?
-Lo que estás es jodidamente cachondo.-dice moviendo la cabeza hacia adelante refiriéndose a sus pantalones.
De repente Igor se da cuenta de la forma en que le palpita, subyugada y atrapada bajo los pantalones del chandal. Suelta un resoplido y se da media vuelta, andando hacia los vestuarios mientras se desabrocha los guantes con los dientes. Ella le sigue, seria de nuevo, y solo tienen que cruzar la puerta del primer servicio para que ya le haya bajado los pantalones en un intento desesperado de follarse a ese tipo.
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