lunes, 20 de septiembre de 2010

Ahoga un grito sobre la almohada, pataleando sobre la cama enrabietada. Nota el escozor en la garganta de ese sonido gutural que le palpita en las cuerdas vocales y se apresura a respirar hondo sentándose en uno de los bordes.
De repente la luz empieza a parpadear y termina por apagarse. Exhala un suspiro y nota como la piel se le eriza. Como un escalofrío la recorre y como los ojos se le llenan de lágrimas. El miedo se apodera de ella, la angustia, el desorden mental. Y se encuentra a si misma en mitad del pasillo acurrucada como un cervatillo asustado, con las manos agarradas al borde de la camiseta, y los ojos clavados en el suelo.

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