Me creí morir de lo bien que se estaba, de la serenidad que sentía en ese instante, de lo feliz que era por el simple hecho de ser yo y estar ahí, disfrutando de una maravilla de vista, de una maravilla de aire puro, de una maravilla de vida.
Caminé sola por la orilla, calándome las deportivas y al llegar a una de las rocas que separaban el acantilado del mar abierto me di la vuelta y activé el cronómetro, corriendo a un paso ligero, notando el agua golpeando mis tobillos suavemente y la brisa remover mi pelo, que terminé por recoger en una coleta alta, despejándome la cara.
Serit siempre está feliz, es el otro yo de Sam, y de Melissa, y de mi misma. Es quien somos cuando la felicidad nos inunda el corazón y cuando todo merece la pena ser vivido. Serit es esos días que todos creemos tener poco a menudo, pero que en realidad está la mayor parte del tiempo, aunque no seamos capaces de verla. Serit somos todos. Serit eres tú, y sobretodo, soy yo misma.
Sentirse libre a veces es todo lo que
necesitamos para volver a sonreír.
Me sorprenden mucho mis cambios
de humor de últimamente. Pero hoy me
he levantado con un extraño bienestar,
así que, que mejor entrada para hoy, que
una que inspire tranquilidad y que deje
entrever la felicidad que siento en este
instante.
Porque la felicidad es un estado de ánimo
y viene y va, pero ahora, justo ahora,
es mía.