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domingo, 11 de septiembre de 2011

Todo lo que siempre deseé, contigo.

Synyster iba de un lado para otro, nunca pensó que pudiera pasar eso, que pudiera, unos días antes de volver al cuerpo, enterarse de que su futuro estaba a punto de cambiar radicalmente, cosa que, si lo miraba bien, le volvía loco y de la manera más atractiva.
-¡Un hijo!- Gritó mirando a Lacey con los ojos desorbitados, con las manos temblorosas y el corazón apunto de escapársele del pecho.-¿Estás segura? Quiero decir..-titubeaba sin saber que decir- ¿Lo estamos? Vamos a tener un bebé?
Se acercó a ella en dos zancadas y puso las manos sobre su vientre aún completamente plano, mirándolo como si pudiera ver a través de la piel, como si estuviera viendo la forma que tendrá su hijo cuando empiece a madurar en su tripita. Paseaba la vista de sus labios a sus ojos, y de repente rompió reír. Lacey se quedó sin saber que hacer. Era una risa tan nerviosa que no supo como descifrarla, pero no tardo ni medio segundo en averiguarlo cuando sintió a Synyster levantarla por la cintura y abrazarla dando vueltas sobre si mismo. Lacey atrapó su cadera con las piernas y hundió la cara en su cuello sintiendo ganas de llorar de pura felicidad, era increíble como se le hinchaba el pecho de amor cuando estaba con él.
Siempre se habían complementado de tal forma que ni si quiera su puesto en el ejército pudo robarles esa magia que los unía.
-Un hijo..-Repitió sin poder creérselo- Y-yo pensaba que sería dentro de unos años, esto lo cambia todo, Lace, nuestra vida está a punto de cambiar de forma tan radical que no se si morirme de la felicidad o cagarme de miedo.
Lacey sonrió dándole varios besos sonoros en los labios.
-Ya va siendo hora de que completemos la familia, ¿no crees, amor?
-Ya va siendo hora de que completemos la familia.-Asintió abarcando su mejilla con la mano.
-Syn, todo saldrá bien, ¿Verdad?
-Esto es todo lo que siempre deseé. Todo lo que siempre deseé contigo. Y ahora solo tenemos que ser felices para siempre.
-Esto no es un cuento de hadas, cariño, va a ser muy duro para nosotros.-Murmuró Lacey frunciendo los labios en una mueca entristecida.
-Pequeña, una vez escuché que no es malo creer en los cuentos de hadas, porque todos tienen un final feliz, y solo por el simple hecho de estar contigo ahora, de saber que nuestro hijo está preparándose para vivir, y que nosotros hemos hecho esto..-dijo, soltándola y arrodillándose frente a ella, subiéndole un poco la camiseta y  besando su vientre a la altura del ombligo- ya es suficiente para saber que tenemos un final feliz, que lo tendremos pase lo que pase, y es suficiente para que sepas que lo único que necesito, es a mi preciosa mujer, y a este renacuajo. Yo ya soy feliz para siempre, amor.

sábado, 11 de junio de 2011

El viento que se llevó mi corazón

-Me acuerdo de la ropa que llevabas ese día, te veías realmente fea.
-Vaya, ¡gracias!- Dice soltando una risotada.- Dime de nuevo por qué te quiero, cariño.
-Bueno, tengo que admitir que soy un tío bastante sexy.
Le da un golpe en el hombro con otra carcajada que viene desde su garganta, y él cree que se muere de placer con solo escucharla.
-Sí, tienes razón, me enamoraron tus pectorales, tu cara de hombre y esos ojos tuyos tan.. tan.. tuyos.-Le da un beso atrapándole las mejillas con las manos y susurra contra sus labios- Pero sobretodo, tienes un corazón hecho a mi medida, por eso te quiero. Porque eres como el viento que se llevó mi corazón, Synyster. A la guerra.

miércoles, 8 de junio de 2011

Corazones cerrados y granadas en mano.

Son más o menos las tres de la mañana, calcula mientras se tambalea desde la cama hasta el salón donde el teléfono suena de forma insistente. Descuelga.
-Partimos mañana a las seis.
-¿Qué?-Dice pellizcándose el punto de la nariz mientras intenta espabilarse.
-Synyster, volvemos a la guerra.
De repente se le pasa el sueño, un escalofrío recorre su espalda y se gira inconscientemente para mirar al dormitorio, donde, desde lejos, ve la pierna de su  novia sobresalir ligeramente de la cama.
-No puede hablar en serio, señor...
-Quiero verte mañana en la base para explicártelo con más claridad. Pero ve comentándoselo a Lacey, no quiero que me dejes tirado, eres de mis mejores hombres, te necesitamos Synyster.
-Lo sé, señor.
-Bien, te espero mañana sin falta.
Se corta la llamada y apoya la frente contra la pared con el teléfono aún pegado a la oreja, esperando a que le digan que es una broma pesada, que se queda en casa, que no tiene que volver irse a las filas, que todo esto es una jodida pesadilla y que las discusiones sobre la boda, la casa, o el nombre del hijo que tendrá en unos años con Lacey son la única guerra que tendrá que ganar.
-Mierda, Lacey, no puedo vivir sin ti. Otra vez no.