Este es el instante en el que pecar de confiada no es tan malo como se piensa, pero me pregunto en que momento la vida empieza a girar sobre sí misma y te dice 'oye, chica, ¿esto es lo que tienes? Te doy un poquito más' y tú le contestas que para qué, si luego te lo va a volver a quitar, porque sí, que tú lo sabes, que es inevitable.
Pero, ¿por qué no descansar un ratito y pecar de confiada? Que importa que pase mañana.
Solo siéntete libre para ser tú, sin que importe el resto del mundo, de las horas. Porque es genial darse cuenta de que no todo es tan malo, y aunque tengas un día raro, ser capaz de decir '¡qué cojones! A vivir la vida, que me lo merezco, carajo.' Y ser, simplemente, un poquito menos exigente y un poquito más feliz.
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martes, 15 de noviembre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
I'm not sad tonight.
A veces nos preguntamos si la vida es importante, si cambiamos algo por ser buenas personas, porque es cierto que a las buenas personas les pasan cosas malas, es cierto que cuando piensas que todo está bien, cuando todo realmente está bien, hay alguna parte de tu vida, o de ti mismo que se tuerce, que te hace ver que esto que tenemos es corto, y, aunque pensamos que tirar la toalla es lo que debemos hacer, nos equivocamos. Quizá no comprendamos por qué aspectos de la existencia son tan rudos, tan macabros o tan dolorosos.
Imagino que todos, en mayor o menor medida, hemos pasado por un momento duro y dificil de soportar, pero cuando te das cuenta de que tu corazón sufre, es cuando eres consciente de que estás viviendo, ¡Es así! Nada te lo van a dar regalado, los golpes lastiman de tal forma que ves todo oscuro allá por donde vas, pero, ¿Y si fuera diferente? ¿Quienes seríamos? Pensemos en nuestro futuro, en como tenemos que madurar y cambiar nuestra forma de pensar para llegar a ser mejores personas, porque no es cierto del todo que la tristeza y el dolor son sentimientos poéticos que te hacen sentir vivo, son solo eso, tristeza y dolor, y lo que de verdad merece la pena es el amor, la amistad, aquello que nos hace reflexionar sobre lo verdadero y lo falso. No es tan fácil, no podemos sobreponernos de un momento a otro. A veces nos sentiremos vacíos o simplemente llenos de amargura, pero eso termina, porque no es el tiempo quien cura las heridas, es la fortaleza de nuestra propia alma la que decide que va siendo hora de lamerlas y dejar que vayan cicatrizando. Yo he vivido muchas cosas, muchas menos de las que hayan vivido otros, pero, a quien le importa las desgracias ajenas cuando las tuyas te tienen contra la pared, agarrotado y sin saber como escapar. ¿Hay salidas? ¿Hay esperanza? Yo siempre encontré la esperanza en mi misma, pero ahora me doy cuenta de que soy afortunada, de que tengo mucho más que eso. Que no tengo padres, pero tengo hermanas, tengo un sobrino, tengo unos tíos que me cuidan como si fueran los progenitores que me faltan, pero oye, ¿soy feliz? en parte lo soy. ¿Soy infeliz? En parte lo soy. Tendemos a ponernos melancólicos cuando vemos una escena triste, una muerte trágica, injusta, una pérdida que ha sido repentina, y aunque sé que todas lo son, seamos realistas, algunas lo son más que otras, pero hay que superarlo. Es duro, es complicado, es casi imposible, porque somos así, porque las tragedias nunca están hechas para nosotros, pero ¡ahí están! Y tenemos que afrontarlas, porque tenemos la capacidad de sobreponernos. No de olvidar, pero si de aprender a vivir con los pesares que se nos cruzan por el camino. No soy de las que cree en el destino, ni si quiera sé si es cierto que creo en el karma o es solo una forma de sentirme segura hasta que muera, porque todos vamos a morir, pero quien me impide ser quien quiero ser y llegar a donde quiero llegar. A veces somos nosotros nuestros propios enemigos y yo, me canso de eso. Me canso de escuchar canciones tristes e intentar llorar cuando de verdad necesito desahogarme. Siempre he sido de lágrima difícil, incluso cuando murió mi madre. Pasaron horas hasta que fui consciente, aun habiéndola visto muerta no era capaz de creermelo. ¡Ella siempre había estado ahí! Y una vez le pregunté si no sentía miedo, a morir, quiero decir. Ella siempre me contestaba que no, que le asustaba más dejarnos solas a mis hermanas y a mi, que le asustaba no conocer a su nieto, que le asustaba la inmensidad de nuestro amor y la bondad que estaba viendo en esos días a su alrededor. Yo misma quería ponerme en su lugar, le decía que le daría lo que necesitara para que su cuerpo siguiera funcionando, aunque yo muriera, no me importaba nada que no fueran mis hermanas y ella. '¿Ves como no da miedo?' me decía.
No he sido la mejor hermana del mundo, no he sido la mejor persona, la mejor hija, la mejor sobrina. He defraudado a mi familia una y otra vez, y toda ella, casi toda ella, sigue ahí, más unida que nunca, confiando en mi por millonésima vez, porque me quieren, porque saben que las quiero.
Claro que no es fácil darse cuenta de esto, la mayoría de las veces tenemos que pasar por un momento traumático para ser así, para comprender que la vida se basa solamente en un tira y afloja que tienes que aprender a equilibrar, que no vas a tener siempre buenos momentos, pero puedes hacer algo al respecto, puedes luchar para que, aunque tu vida acabe mal, los que queden tras de ti te recuerden como algo bueno, como una de esas personas que cuesta olvidar, porque todos y cada uno de nosotros, incluida yo tenemos esa absurda necesidad de marcar nuestro paso en el mundo, ser famosos, escribir, cantar, ser bueno en algo, ser el mejor en algo. ¿Por qué no dejar atrás lo material y centrarnos en nuestras vidas? En lo que deseamos que quede detrás de nosotros, disfrutar todo lo que podamos de los momentos buenos, y cuando sean malos, o peores, llorar, enfadarnos, asumirlos, respetarlos y después vivir por ellos.
En toda vida hay alguien especial que te hace ser feliz. Yo tenía la mía, y sigo teniendo a otras cinco personas maravillosas, más un par de extras. Y ¿ Sabéis qué? Hoy estoy un poco triste, hoy hecho de menos a mucha gente, pero también soy feliz, porque sé que mi corazón se está recuperando poco a poco, que lo estoy haciendo bien, que todo aquello por lo que necesitaba y quería luchar está ahí, a un pasito de mi. Y ya me he cansado de sobrevalorarlo. Hoy toca redimirse de los errores y comprender que todos somos hijos, hermanos y amigos y que ahí fuera, siempre hay alguien que apuesta por nosotros, como persona o como trabajador. Simplemente, recuerda que tu alter ego no es nadie sin ti, que tú mandas sobre tu vida, y aprende a ser feliz y a aceptar aquello que no te gusta. Porque a veces, las cosas que nos ayudan a ser mejores personas, son aquellas que nos asustan.
Imagino que todos, en mayor o menor medida, hemos pasado por un momento duro y dificil de soportar, pero cuando te das cuenta de que tu corazón sufre, es cuando eres consciente de que estás viviendo, ¡Es así! Nada te lo van a dar regalado, los golpes lastiman de tal forma que ves todo oscuro allá por donde vas, pero, ¿Y si fuera diferente? ¿Quienes seríamos? Pensemos en nuestro futuro, en como tenemos que madurar y cambiar nuestra forma de pensar para llegar a ser mejores personas, porque no es cierto del todo que la tristeza y el dolor son sentimientos poéticos que te hacen sentir vivo, son solo eso, tristeza y dolor, y lo que de verdad merece la pena es el amor, la amistad, aquello que nos hace reflexionar sobre lo verdadero y lo falso. No es tan fácil, no podemos sobreponernos de un momento a otro. A veces nos sentiremos vacíos o simplemente llenos de amargura, pero eso termina, porque no es el tiempo quien cura las heridas, es la fortaleza de nuestra propia alma la que decide que va siendo hora de lamerlas y dejar que vayan cicatrizando. Yo he vivido muchas cosas, muchas menos de las que hayan vivido otros, pero, a quien le importa las desgracias ajenas cuando las tuyas te tienen contra la pared, agarrotado y sin saber como escapar. ¿Hay salidas? ¿Hay esperanza? Yo siempre encontré la esperanza en mi misma, pero ahora me doy cuenta de que soy afortunada, de que tengo mucho más que eso. Que no tengo padres, pero tengo hermanas, tengo un sobrino, tengo unos tíos que me cuidan como si fueran los progenitores que me faltan, pero oye, ¿soy feliz? en parte lo soy. ¿Soy infeliz? En parte lo soy. Tendemos a ponernos melancólicos cuando vemos una escena triste, una muerte trágica, injusta, una pérdida que ha sido repentina, y aunque sé que todas lo son, seamos realistas, algunas lo son más que otras, pero hay que superarlo. Es duro, es complicado, es casi imposible, porque somos así, porque las tragedias nunca están hechas para nosotros, pero ¡ahí están! Y tenemos que afrontarlas, porque tenemos la capacidad de sobreponernos. No de olvidar, pero si de aprender a vivir con los pesares que se nos cruzan por el camino. No soy de las que cree en el destino, ni si quiera sé si es cierto que creo en el karma o es solo una forma de sentirme segura hasta que muera, porque todos vamos a morir, pero quien me impide ser quien quiero ser y llegar a donde quiero llegar. A veces somos nosotros nuestros propios enemigos y yo, me canso de eso. Me canso de escuchar canciones tristes e intentar llorar cuando de verdad necesito desahogarme. Siempre he sido de lágrima difícil, incluso cuando murió mi madre. Pasaron horas hasta que fui consciente, aun habiéndola visto muerta no era capaz de creermelo. ¡Ella siempre había estado ahí! Y una vez le pregunté si no sentía miedo, a morir, quiero decir. Ella siempre me contestaba que no, que le asustaba más dejarnos solas a mis hermanas y a mi, que le asustaba no conocer a su nieto, que le asustaba la inmensidad de nuestro amor y la bondad que estaba viendo en esos días a su alrededor. Yo misma quería ponerme en su lugar, le decía que le daría lo que necesitara para que su cuerpo siguiera funcionando, aunque yo muriera, no me importaba nada que no fueran mis hermanas y ella. '¿Ves como no da miedo?' me decía.
No he sido la mejor hermana del mundo, no he sido la mejor persona, la mejor hija, la mejor sobrina. He defraudado a mi familia una y otra vez, y toda ella, casi toda ella, sigue ahí, más unida que nunca, confiando en mi por millonésima vez, porque me quieren, porque saben que las quiero.
Claro que no es fácil darse cuenta de esto, la mayoría de las veces tenemos que pasar por un momento traumático para ser así, para comprender que la vida se basa solamente en un tira y afloja que tienes que aprender a equilibrar, que no vas a tener siempre buenos momentos, pero puedes hacer algo al respecto, puedes luchar para que, aunque tu vida acabe mal, los que queden tras de ti te recuerden como algo bueno, como una de esas personas que cuesta olvidar, porque todos y cada uno de nosotros, incluida yo tenemos esa absurda necesidad de marcar nuestro paso en el mundo, ser famosos, escribir, cantar, ser bueno en algo, ser el mejor en algo. ¿Por qué no dejar atrás lo material y centrarnos en nuestras vidas? En lo que deseamos que quede detrás de nosotros, disfrutar todo lo que podamos de los momentos buenos, y cuando sean malos, o peores, llorar, enfadarnos, asumirlos, respetarlos y después vivir por ellos.
En toda vida hay alguien especial que te hace ser feliz. Yo tenía la mía, y sigo teniendo a otras cinco personas maravillosas, más un par de extras. Y ¿ Sabéis qué? Hoy estoy un poco triste, hoy hecho de menos a mucha gente, pero también soy feliz, porque sé que mi corazón se está recuperando poco a poco, que lo estoy haciendo bien, que todo aquello por lo que necesitaba y quería luchar está ahí, a un pasito de mi. Y ya me he cansado de sobrevalorarlo. Hoy toca redimirse de los errores y comprender que todos somos hijos, hermanos y amigos y que ahí fuera, siempre hay alguien que apuesta por nosotros, como persona o como trabajador. Simplemente, recuerda que tu alter ego no es nadie sin ti, que tú mandas sobre tu vida, y aprende a ser feliz y a aceptar aquello que no te gusta. Porque a veces, las cosas que nos ayudan a ser mejores personas, son aquellas que nos asustan.
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