jueves, 13 de marzo de 2014

Cuando se hace de noche, y te das cuenta de que nada cambia, empiezas a darte cuenta de que la mayor parte del tiempo tu corazón está a oscuras. Y qué hacer cuando ese convencimiento se te mete dentro aplastándote los órganos y rumiandote los huesos. Pasas de un estado de apatía a la peor de las tristezas, haciendo que todo deje de ser apetecible para querer dejar a tu cerebro en off  durante unas horas, o unos días, o unos meses. Hasta que el dolor se escurra fuera de ti. ¿En qué momento empiezas a sentirte así? ¿En que momento empiezas a sentirte culpable de cada uno de tus actos, del por qué de las cosas, de la forma en que las hiciste? Ahora. El momento en que todo eso empieza es ahora, cuando se hace de noche y no hay más ocupaciones que ir a la cama e intentar dormir, intentar no soñar como las cosas iban bien, enfermaron y terminaron. Como se marchita el tiempo a medida que crece la soledad que tú misma crees tener, la plena conciencia de un alma solitaria que acaba de perder el rumbo y que no quiere apostar a que volverá a encontrarla. Esto es el ahora, porque mi cerebro no quiso ponerse en estado off, y mi corazón está demasiado frágil para soportarlo otra vez.

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