jueves, 1 de diciembre de 2011

Cicatrices y regalos de grandes esperanzas

Querría poder decir que no fue por nada en especial, que simplemente el amor se fue y que  lo que quedó detrás de nosotros no  fue un halo de mentiras que no aguantaba ni su propio peso.
Eliza.

Eliza se revolcó entre las sábanas buscando un poquito del calor de Mast, pero desde que habían roto, ni eso le aportaba.
Capullo, pensó.
Desnuda y con el frío en los huesos, arrastró los pies hasta la cocina y cogió una cerveza a medio terminar de encima de la mesa. Se sentó en la encimera rebuscando en el bolso algo que calentara un día tan ebrio.
Desvelarse no era buena idea cuando tenía a Mast en la cabeza.
Encendió un cigarrillo, cerrando los ojos, fuerte, dejando que la nicotina la envolviera. 
Mast siempre había sido un chico duro, con su cresta, sus chupas y su coche granate. Se le veía venir, ella misma le vio venir, pero, ¿por qué no intentarlo? Se dijo. 
Porque te vas a enamorar, Eliza.
Quien le iba a decir que iba a estar un miércoles cualquiera a las cinco de la tarde con resaca e incluso ciega de la fiesta del día anterior, escuchando música electrónica y buscando papelinas en su bolso,  para ver si ese moreno de ojos negros se arrastraba fuera de su mente.
La primera vez que le vio iba como un auténtico punkarra. De estos que ves por la calle y dices, ‘dios mío, que pinta’, pero a ella le encantó, no había más que verle la cara de gata cachonda. Llevaba el pelo revuelto, la nariz roja del frío y la boca entreabierta. Una camiseta de sisa se veía debajo de una chupa negra básica y unos vaqueros caídos que le hacían un culo de infarto. Se cruzamos casi rozándose, aún cuando la acera estaba vacía a esas horas de la madrugada. Sonrió de lado pasando de sus ojos a su escote en medio segundo y enseguida la agarró del brazo para girarla. Eliza ladeó la cabeza mirándole y alzó una ceja esperando una reacción.
-¿Nos conocemos?
-No lo creo-Contestó en seguida.
-Tus tetas me suenan.-Dijo, resurgiendo en sus mejillas esa ingeniosa sonrisa de pícaro pervertido.- Sí, tú eres la chica que siempre anda pisándole los talones a Igor.-Concluyó, frunciendo levemente el ceño en una mueca.
Extrañada, se dio la vuelta para seguir su camino, pero su voz hizo que mirara por encima de su hombro.
-Deberíamos quedar algún día.
-Claro, por qué no.
Ese, aún sin saberlo, fue el primer error que cometió.
Saltó de la encimera poniéndose un tripi en la punta de lengua y se metió en la bañera, que por alguna extraña razón que prefirió ni pensar, estaba llena de agua. Todavía tardaría tiempo en empezar el viaje, así que, por qué no terminar con todo eso de Mast antes de entonces.
La segunda vez que se encontraron ella juraría estar segura de que la iba buscando. Era de esos tipos que se sentían atraídos por todo lo que no podían tocar, y el hecho de que Igor y ella pasaran tanto tiempo juntos, le ponía de los nervios. No había más que ver la rapidez con la que se bebía las cervezas en el Narko con la mirada en las piernas de la chica.
Sería un día digno de recordar, en el que las drogas y el alcohol son el primer y segundo protagonista y en el que no merece la pena hacer otra cosa que no sea bailar y tener sexo.
(La entrada continúa si pican en el enlace de 'más información') 
Eliza llevaba un vestido granate sujeto únicamente por dos finas tiras que se iban separando a medida que bajaban, dejando gran parte de su espalda morena al descubierto y el pelo anaranjado que caía  en cascada, liso, por su espalda. Subida en unos botas militares de tacón grueso que estilizaban sus piernas y sus ojos verdes perfilados en un negro tan intenso que los hacía más perspicaces de lo que a Mast le parecerían nunca.  Con la mano subiendo lentamente por encima de su cabeza, balanceando la copa a la vez que su cadera con foals tan alto que podría molestarle si estuviera sobria.
Eliza notó el cuerpo caliente de Mast contra su espalda, apoyando una mano en su cintura y empujando su trasero contra sí. No sabía ni cómo eran capaces de bailar en las condiciones en las que estaban, pero cuando la giró de golpe y le lamió la boca, poco pudo bailar. Mast acercó los labios a su oído para que lo escuchara por encima de la música.
-¿No vienes demasiado bien vestida a un antro como este?-Preguntó.
-Me gusta ponerme sexy en noches que van a acabar en delirio.- Contestó ella, encogiéndose de hombros.  La música creaba espectros de colores a su alrededor dedicados exclusivamente a ella, y para qué pensárselo, Mast estaba ahí, delante de ella, con su mirada traviesa puesta encima de su figura. Notó la humedad en su entrepierna cuando la presionó con la rodilla haciéndole rodar los ojos de puro gusto. Lo empujó un poco y acercándosele, se puso una pastilla en la punta de la lengua, incitándole a tomarla. Mast la besó traspasando el éxtasis a su boca y dio un trago a la cerveza.-Vamos,  ven conmigo.- Eliza   agarró su mano y se tambaleó hasta el baño de las chicas. Quiso abrir las puertas para ver si había alguien, en un último instante de cordura, pero él la sujetó por la nuca empotrándola contra la pared. Su obsesión por una mujer, como descubriría más tarde, era mucho más intensa que cualquier sentimiento que existiera. Sus ganas de follar no se las quitaba ni después de una noche llena de plena lujuria. La giró dejándola de espaldas a él, apoyándole la cara contra la pared, y agarrando sus caderas, tiró hacia sí, golpeándola contra la suya. Eliza notó su miembro subyugado debajo de los pantalones, incluso la forma en que palpitaba contra ella. Debían ser los tripis haciendo mella en su organismo, o las pirulas, o el alcohol. O simplemente las ganas de sentirle dentro. Bien adentro.  Se negó a quedarse en esa posición tan poco cristiana, era demasiado aburrido, prefería ver su cara desencajándose de satisfacción al notar sus falanges entrando en la cinturilla de sus pantalones, porque cuando sus dedos entraron en contacto con su pene por encima de los bóxers se sintió morir. Restregó las piernas contoneando la cintura de forma excitante, acercándosele, lamiendo su barbilla, mordisqueando sus labios, succionándolos extasiada. Mast la dejaba hacer con las manos apoyadas en la pared a cada lado de la cabeza de la chica, siguiendo sus movimientos con su pelvis. Pasó las manos por su cuello, bajando lentamente por su escote, bordeando la copa del vestido, estirando la abertura inevitablemente. Soltó un gruñido cuando sus pechos se dejaron ver por encima de la tela roja, firmes, de areolas grandes y redondeadas, con unos pezones sonrosados y minúsculos apenas visibles bajo la luz tenue de la discoteca. Agarró el pecho izquierdo sin delicadeza, presa del instinto más animal que le nublaba los sentidos, y ella se dejó caer más sobre la pared sorprendida, abriendo ligeramente las piernas en un intento de alzar el vestido por sus muslos bronceados. Mast se inclinó un poco para lamer la piel de su canalillo, abarcando ambas tetas con las manos, masajeándolas con prisa, casi ido. Atrapó el pezón entre sus dientes estirándolo y con la punta de la lengua lo estimuló, notándolo caliente al tacto, mezclándose la esencia de la chica con su propia saliva, endureciéndose con rapidez. Con ambas manos agarró los tirantes del vestido pasándolos por sus brazos para instalarlo en su cintura, sin dejar de lamer, morder y chupar ambos pezones, dejándolos descansar durante los segundos en los que daba un ligero lametón alrededor de su pecho. Se incorporó para mirarla abarcando su trasero con ambas manos subiendo el resto de la tela, para poder ver la prenda negra de encaje que llevaba, una braguita brasileña ceñida que se transparentaba ligeramente. Resopló llevando una mano hacia adelante y pasando la punta de los dedos sobre su sexo, oprimiéndolos delicadamente, para luego agarrar sus bragas y estirarlas, dejándolas entre sus labios y restregándolas contra su clítoris. Mast quería decir algo, pero no sabía qué. Esa chica era tan rara como caliente, y no quería estropear un polvo tan grandioso. Entreabrió la boca tentándola a besarle, y ella contesto a la provocación con un mordisco violento a su labio, obligando a Mast a apretar más los dedos contra su entrepierna y a desabrocharse los pantalones para dar espacio a su órgano a punto de estallar. Se arrodilló frente a ella pasando los labios por su muslo, alternando mordiscos con lametones hasta llegar a ese lugar que no sería otra cosa que la exquisitez de la noche. Sujetó el trapo que lo ocultaba celosamente, arrastrándolo hacia abajo, notando la mirada de la chica justo en sus extremidades, deslizándolo hasta el suelo y guardándolo en uno de sus bolsillos traseros. Agarró la fina pierna de Eliza colocándola sobre su hombro para poder disfrutar de las vistas en toda su extensión. La tentó con esos ojos tan negros, incitándola, forzándola a suplicar por su lengua. Y sin apartar la vista de su cara, se metió en su sexo, presionándolo con la nariz, succionándolo, penetrándola con la lengua, para luego meter dos dedos de una sola vez. No pasó desapercibido para él el rodar de sus ojos, el gemido ahogado, la sonrisilla cachonda que se le formaba en las comisuras y las convulsiones de su vientre o el temblor de sus piernas, mientras se acumulaban en su boca cada uno de sus orgasmos. Eliza, por el contrario notaba el olor de su sexo a distancia, y tironeaba del pelo de Mast presa de un arrebato de placer tan intenso como la atracción que sentía por él en ese momento. Lo agarró de la camiseta para forzarle a levantarse y bruta, giró para empotrarle contra la puerta del baño, que crujió de golpe. Con los ojos tales como los de una hembra en celo, estiró los bóxers para poder sacar esa polla que le pertenecía, venosa y erecta apuntándola como a una criminal, culpándola de su dolorosa aglomeración de sangre. Pasó los dedos por la punta recogiendo unas gotas tímidas y se los llevó a la boca lamiéndolos con lascivia. Mast sacudió la cabeza aturdido y apenas alcanzó a ver como ella se arrodillaba frente a él dando un lametón sobre toda la extensión de su sexo. Rezongó cuando los dientes de Eliza se cerraron sobre su glande, succionando lenta y suavemente, para después ir bajando sobre su eje, empapándolo. Mast asió su cabeza empujándola para que llegara más profundo, repitiendo los movimientos a la par que con una de sus manos sujetaba la base de su pene. Eliza cerró los ojos concentrándose únicamente en la música de fondo y en el sabor de Mast contra su garganta, embriagándola. Casi lloriqueó cuando él la incorporó, levantando sus piernas del suelo y aferrándolas a su cintura, haciendo que su miembro golpeara contra el sexo de la chica, pero para no dejarlo ahí, Mast se la sujetó por la base, acariciándola,  haciendo que un escalofrío la recorriera de pies a cabeza. Se miraban a los ojos, escrutando las reacciones de cada uno  con cada paso que daban, adhiriéndose a las ambiciones del otro, preparándose mentalmente para lo que tenía pinta de ser una auténtica explosión de voracidades.
-¿A qué esperas…?- Gimió, ansiosa, mientras se balanceaba contra él.
Y cómo si ese fuera el paso que el necesitaba para continuar, la penetró de una sola embestida, notando las paredes estrechas de Eliza oprimiendo su pene sin contemplaciones. Se movió despacio, apenas un movimiento amable para que  se acostumbrara a su grosor. Lentamente fue marcando un ritmo más sátiro, provocándola, agarrando su culo y oprimiéndola contra sí para llegar más profundo aún, para fundirse con ella. Y es que iba a explotar de tanto mirarla, de ver su deleite ininterrumpido, sus movimientos inconscientes, sus uñas clavándose en sus hombros, su pelo pegándosele a las mejillas picantes, el vestido arrugado y el resurgir de los gemidos que se le escapaban entre los labios. Los jadeos que pasaban de una boca a otra, los chupetones en el pecho, los pezones duros rozándose pecho contra pecho y los orgasmos destruidos en cada arremetida que Mast le propinaba. Lento, rápido, más rápido, lento, suave, con fuerza, hasta el fondo.
-Me voy a ir, preciosa…-Susurró contra su oído, respirando fuerte y apretándola con fuerza para no caerla en plena corrida.
Ella quiso contestar pero la voz no le salía, solo tenía ganas de sentirse llena de él, de dejar que se vaciara entero en su interior y que nada más acabar volviera a dejar que lo montara como una leona.
Aceleró los movimientos penetrándola tanto como podía, apretujándola contra la pared, golpeando su pelvis contra la de ella que luchaba por abrir más sus piernas, arqueando la espalda para que fuera más intenso, pero se sintió morir cuando se corrió en ella, entre jadeos y maldiciones poco ortodoxas, que la hicieron llegar al último y más intenso orgasmo de la noche. Al puro éxtasis. Al puro clímax. 

7 mindstream:

Popenstein ronroneó

Desde luego, en el tiempo que no me pasé por aquí, me he perdido mucho, pero tu blog y tu manera de escribir siguen estupendos!
Ay, ese Mast...lógico que pierda la cabeza...

Inestabilidad Mental ronroneó

Lo he leído de pe a pa, y me parece increíble la forma que tienes de relatar momentos eróticos. Hasta a mí me estaba poniendo perra ese tal Mast hahaha.
Me encanta. Un beso.

Seda-Kat ronroneó

Perdon por no leermelo... otro dia ok? besoteeeees

DANI ronroneó

Caramba!!! Reconozco que para un solo ost, me ha hecho algo largo ja ja ja. Pero es acojonante Maestra y si me permites decirlo, creo que más de un@ se ira a pegar una ducha fria ja ja ja

Besazos enormes

Mavy ronroneó

Jajaja. cierto yo sería una de esas DANI.


Pues me pareció muy chisposa la entrada :)
Me gusta Mast, mola.

David ronroneó

A veces ese lado malo nos atrae... Y nunca nos ponemos a pensar en las consecuencias que eso nos puede traer.
Un texto muy pasional :)
Un saludo!

La sonrisa de Hiperión ronroneó

Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.

Saludos y un abrazo.