viernes, 25 de junio de 2010

Bases de amistad.

Las Vans lilas están todavía encima del sofá del sótano. Ellas siguen igual de jugosas y bonitas, pero aquel antro ha cambiado mucho. Las paredes ahora son de un tono crema que da serenidad al lugar. Los viejos muebles están amontonados en un rincón trás una cortina de clips de colores, es enorme, preciosa, ¡ME ENCANTA! La elegimos caminando un día por el centro de Londres, era nuestro primer viaje juntas, y además a nuestra ciudad. ¡NUESTRA! El avión estaba bastante lleno, pero se respiraba una tranquilidad en el ambiente que nos daba seguridad. En el despegue noté su mano aferrando la mía, que estaba crispada contra mis costillas, con los ojos bien cerrados a su salud. El miedo me recorría hasta las pestañas, era inconfundible, ¡Estaba cagada de miedo!
Adrienne tenía la mirada fija en mi y soltaba risitas por lo bajo, a las que mi única respuesta, era un gruñido. Ni si quiera era capaz de hablar.
En el aeropuerto de Londres paseamos despacio entre la gente, cogidas apenas del dedo meñique, como cuando yo era pequeña y me agarraba al de la maestra para que me acompañara a mi clase el primer día de colegio. Aún me temblaban un poco las piernas y el camino se me estaba haciendo eterno.
Y allá, en una tienda que parecía realmente modesta, encontramos todo lo que necesitábamos. Esa cortinita, unas lamparas ingeniosamente fabricadas -casi- para nuestro sótano. Unos cuadros de lugares famosos londinenses y un peluche enorme que miramos ambas a la vez con una exclamación en las comisuras. <¡ESE TÍA!>. Nos reimos como locas por la coincidencia, y el regreso a casa después de quince días solas vagando por la cuidad fue todavía mejor.
Adrie estaba tumbada en el suelo. Teniamos la música bien alta y retumbaban las paredes y cada uno de los muebles y retoños de la habitación.
Todo había vuelto a la normalidad. Todo. Todo excepto mi corazón. Que parecía latir a un ritmo inapropiado en el peor (por ser el mejor) de los momentos de mi vida.
Aunque podía contar con una de mis mejores amigas, y eso era más de lo que podría pedir nunca.

1 mindstream:

Arenas ronroneó

Ay Mel, Mel, Mel.
¿Cuando aprenderás que las cosas siempre vuelven? Los ladrillitos se ponen soooolo, como todo en estas cosas, mi amor. El tiempo cura, si, pero con esfuerzos, ¡eh! Y que lo digas, Hermana. ¿Dosde está ese enorme peluche? Quiero verlo ya. Y nuestro precioso sotano, que pienso comprar en cuanto tenga pasta, aunque al paso que voy... JAJAJAJAJAJAJA.
Qué te quiero, te quiero, TE AMO.
Y las bases de nuestra amitad son una página web y mil conversaciones, abrazos ciber y no tan cibernéticos, palomitas, unas buenas historias, y MIL SONRISAS.
Te quiero, y nunca olvidaré aquella primera historia en la que Claire ayudaría y apoyaría a Andie.
Mel-An.