lunes, 10 de mayo de 2010

Triángulo de caridad.

A veces resulta absurdo pensar que sirve para algo ser caritativo.
Tú te centras en tí, yo, en mi madre, y él, en todos los demás. Parece un imbecil, y resulta que al final, es el único que sabe escuchar a la gente. Tú ni lo intentas, y yo pienso que ya tengo suficiente con mis problemas.
Me llamo Brönte, tengo la edad que quieras ponerme, y físicamente, no estoy nada mal, soy rubio, moreno, castaño o pelirojo, alto o bajo, según tus preferencias, no sigo modelos de responsabilidad, ni me enamoro, al menos, por ahora.
De tí no hablo, ya sabes tú demás y de sobra como eres, alto o bajo (alta o baja) con tu color y corte de pelo, con tu estilo, tus gustos..., de ti solo diré que según lo que yo te imponga, dirás o harás una cosa u otra.
Y él si tiene físico, es un tío normal, cuenta con los años suficientes, es moreno, ojos marrones, ni guapo ni feo, con novia, muchas ganas de vivir y una humildad que le hace ser una de las mejores personas que he conocido jamás.
Las introducciones son siempre algo aburridas, pero bueno, de alguna forma tengo que empezar, y estoy realmente perdido (ida)


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